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Historia sobre Claudette Taylor y la vacuna

Taylor getting her shotEl frío no la detuvo.

El viento helado no la hizo flaquear, y las pilas de nieve de hasta 4 pies de altura que cubrían la acera afuera de la Iglesia Bautista Zion en la esquina de las calles Broad y Venango no detuvieron su macha.

Ella “necesitaba” recibir esta primera inyección de la vacuna contra el COVID-19 que se administraba en el cálido interior de la iglesia.

Con 73 años, Claudette Taylor ha sobrevivido a 3 episodios de cáncer. Sin embargo, sus condiciones médicas subyacentes no fueron la principal motivación para enfrentar las inclemencias del clima: lo hizo por su familia.

Lo primero es la familia

“Un miembro de mi familia tiene diabetes y no quiero contagiarle nada”, dice Claudette mientras se arremanga la camisa con indiferencia para recibir la inyección. “No quería correr ningún riesgo”.

“He tenido dos veces cáncer de mama y también cáncer de ovario”, relata con soltura. “He tenido agujas en los ojos, el estómago, el cuello y el pie, y no veía la hora de venir a ponerme esta inyección. Es pan comido para mí.”

Taylor explicó que ya tomaba precauciones en relación con “la limitación de los contactos y el distanciamiento social. Saber que recibí esta vacuna me hace sentir mejor, es como sentir que el final está más cerca, para poder salir y hacer lo que solía hacer “.

Claudette cuenta que a lo largo de su vida ha recibido vacunas para todo, desde la poliomielitis hasta la difteria, el tétanos y la tos ferina.

“Si te va a ayudar, y va a ayudar a todos los que te rodean a estar mejor, entonces debes hacerlo”, exclama. “No entiendo la duda. Es una actitud egoísta, porque se trata de algo que va más allá de ti. Se trata de todos nosotros. Estamos todos juntos en esto.”