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Historia sobre Hope Campbell y la vacuna

Hope Campbell in line to be vaccinated. Hay una comunidad dentro de la comunidad que con demasiada frecuencia pasa casi desapercibida puesto que se mueven al borde de la oscuridad de aquellos bendecidos con una buena salud, acceso a medicamentos, comidas regulares y un lugar seguro para vivir cómodamente.

Este es también el lugar donde personas como Hope Campbell, una trabajadora de salud de la comunidad, encuentran fuerza, propósito y una incuestionable resiliencia que es fuente tanto de admiración como de motivación.

También de allí obtiene la inspiración para viajar en uno de los días más peligrosos del año, en medio de una tormenta de hielo, para recibir su vacuna contra el COVID.

“He trabajado durante toda la pandemia”, cuenta Hope mientras hace fila pacientemente para recibir su vacuna. “Incluso he atendido a personas con COVID-19 que también se encontraban en recuperación por drogadicción y no podían obtener los otros tipos de servicios de apoyo que son realmente necesarios, como las sesiones grupales, para seguir adelante”.

Hope ha sido designada como “trabajadora esencial”, pero esta denominación no alcanza a transmitir la enorme responsabilidad que tiene.

La confianza es esencial para el tratamiento y para salvar vidas

“A veces hay tantas condiciones subyacentes en un paciente que demora mucho tiempo identificarlas para poder tratarlas”, dijo. “No todo el mundo confía en las personas con bata blanca. Con simplemente ocuparme de ellos y hablarles en un entorno no amenazante, puedo obtener más información sobre estos pacientes en unas pocas horas que lo que logra averiguar un médico en 6 meses”.

Mientras la fila avanza a ritmo constante hacia la zona de registro, Hope reflexiona durante un instante sobre su situación actual. Levanta un poco la cabeza y mira hacia la salida, como intentando sentir la intensidad de la tormenta de hielo que se desató durante su viaje al centro de vacunación.

“Las calles están resbaladizas, pero no tuve que caminar demasiado”, explica. “Tuve que tomar un autobús y el metro para llegar hasta aquí. El viento sin embargo, era peor de lo que esperaba.”

“Pero está todo bien”, agrega en voz baja. “Atiendo a personas con discapacidad que no pueden trabajar y que rara vez salen de sus hogares debido a sus condiciones médicas. Al menos puedo caminar.”

Hope también trabaja para procurar que sus pacientes reciban la vacuna contra el COVID por todos los medios que sean necesarios.

Hacer llegar la vacuna allí donde más se la necesita

“El desafío va más allá de que ellos reciban la vacuna”, explica. “Mis pacientes reciben atención de otros trabajadores de la salud que les brindan servicios de apoyo en sus hogares; estos trabajadores también deben vacunarse. Desde el inicio de la pandemia, ha disminuido el número de personas que proporcionaban servicios como limpieza o cambio de ropa de cama. Ahora encuentras familiares y otras personas a cargo de estas tareas, y estas personas también tienen que vacunarse ”.

Es en este espacio donde la demanda debe satisfacerse con la oferta de servicios donde las habilidades de Hope se ponen en marcha.

“Si tengo un paciente pre diabético me aseguro de incluirlo en un programa especial que abordará sus necesidades particulares”, dice en un tono que pretende tranquilizar y al mismo tiempo explicar. “Tengo pacientes que viven en ‘desiertos alimentarios’ y enfrentan habitualmente dificultades para obtener alimentos nutritivos; el COVID no hace más que empeorarlo todo. Puedo conseguirles hasta un año de MANNA (Alianza de Nutrición Vecinal del Área Metropolitana) para mejorar su situación, especialmente si viven en una habitación y no pueden cocinar “.

La fila ha avanzado ahora hasta la mesa de registro, y Hope respira hondo debajo de su mascarilla quirúrgica azul antes de acercarse a la mesa y responder algunas preguntas.

Le indican entonces que pase a la siguiente zona. Allí los profesionales de enfermería colocan la vacuna que ella necesita recibir para seguir brindando los servicios y el estímulo que, al igual que la vacuna, salva la vida de muchas personas en todos los niveles.

Después de recibir la vacuna, Hope es pura sonrisa, y su felicidad es visible incluso debajo de la mascarilla.

Ya afuera, se prepara mentalmente para la traicionera caminata hacia el transporte público calculando cómo llegar de forma segura hasta el cordón de la calle mientras comenta con orgullo.

“Ya tengo mi vacuna”. “Ahora, puedo seguir procurando que mis pacientes obtengan la suya”.