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Por Angel Pagan

Angel Pagan, wearing a mask, standing in front of homes in PhiladelphiaHace cuatro años, me enfrenté al cáncer. Le agradezco a Dios haber podido superarlo.

Cuando apareció el COVID el año pasado y los medios informaban sobre el desastre y la pérdida de vidas, me preocupé un poco. Principalmente porque tengo otra condición subyacente: también soy diabético. Me daba un poco de miedo pensar que si me contagiaba de COVID, no lograría superarlo.

Cuando apareció la vacuna, me sentí feliz y ansioso por saber en qué momento del proceso me tocaría recibirla. Después de recibir la primera dosis, mi felicidad fue aun mayor.

Una oportunidad en la vida

Tener la vacuna es tener una oportunidad de vivir, especialmente cuando hablamos del COVID. Y tener el COVID sin la vacuna es como tener una sentencia de muerte.

La comunidad en su mayoría se muestra un poco vacilante frente a la vacuna. Pero mirando a la comunidad y al modo en que el COVID ha impactado en los Latinos y otras minorías, creo que informarse sobre la importancia de recibir esta vacuna y sus ventajas puede significar la posibilidad de disfrutar una nueva oportunidad en la vida.

El camino a la ‘normalidad’

Desde hace un año habitamos un entorno diferente y cambiante. La gente no sabía, ni siquiera los expertos —los expertos médicos— conocían el impacto del virus en los seres humanos. El esfuerzo de los expertos por obtener más conocimientos y su trabajo continuo en el desarrollo de esta vacuna nos ha dado esperanza.